La usabilidad nació para salvar tu vida, el UX para que la disfrutes.

Salvador Valle

Feliz día de la usabilidad a todo el mundo.

Sobre usabilidad Jacob Nielsen nos dice que «es la facilidad con las que las personas interactúan con una herramienta con el fin de alcanzar un objetivo concreto» y Steve Krug en su libro “No me hagas pensar” nos dice que usabilidad significa «asegurarse de que algo funciona bien, y que una persona de habilidad o experiencia intermedia puede usarlo para el propósito que se pretende sin sentirse frustrado».

Estas y otras definiciones, me sirven para argumentar mi trabajo y recordarme cómo tengo que poner foco en lo que hago. Pero esas veces en las que me falta fuerza para volver a explicar cómo nuestro producto digital debe ser fácil de usar, accesible, intuitivo, coherente a través de múltiples canales y todas esas cosas que decimos los de UX, me gusta recordar que la Usabilidad nació para salvar vidas.

Alphonse Chapanis, en 1942 (Esto de la usabilidad y la Experiencia de Usuario no es nuevo), investigó sobre una serie de accidentes en unos Boeing B-17 y se dio cuenta que se producían cuando en determinadas condiciones, los pilotos confundían los controles del tren de aterrizaje y los de los flaps, que eran iguales y estaban juntos.



                                                                                                                                     Foto bajo licencia CC BY-SA  


Chapannis propuso cambiar el pomo de las palancas, uno con una forma triangular y otro con una forma redonda, para que se pudieran distinguir solo tocándolas, modelo que se sigue aplicando hoy en día. En resumen, el diseño de un interfaz afecta enormemente al resultado del uso de nuestro sistema, y en algunos casos, incluso salva vidas.

Gracias a usar las buenas prácticas en usabilidad vamos a crear productos y servicios más fáciles de usar, más fáciles de entender que se usen casi sin pensar y que funcionen mejor. Como escuché decir hace poco a mi amigo Jesús Martín «Todo lo que pueda hacer las cosas más fáciles a la gente se quedará»

Actualmente nadie pone en duda el valor de la usabilidad. Pero, ahora viene el pero, las mejores experiencias que hemos vivido o las cosas que recordamos como increíbles, rara vez, por no decir nunca, han sido las más fáciles.

No basta con hacer un buen producto. Vivimos en un momento en el que hay tantos productos y servicios compitiendo por nuestra atención y tenemos tan poco tiempo y tan poca atención disponible, que solo los realmente memorables serán capaces de permanecer. Hay decenas de herramientas de mensajería instantánea, pero la mayoría solo usamos una. Hay decenas de servicios de música online pero la mayoría solo usamos uno.

¿Cómo hacemos entonces que algo sea memorable, aunque no sea lo más fácil e intuitivo de usar? Pues creando experiencias, contando historias y poniendo un poco de lo que somos en lo que diseñamos.

Un ejemplo maravilloso de esto es el “Vietnam memorial” en Washington D.C. Un monumento, en el que aparecen escritos los nombres de los norteamericanos caídos durante la guerra.

Si siguiéramos al pie de la letra las normas y leyes de usabilidad, la manera más fácil de “usar” este monumento y encontrar el nombre de mi ser querido, sería sin duda por orden alfabético. Todo el mundo sabría usarlo, no haría falta un índice y se tardaría poquísimo en organizarlo (Se meterían todos los nombres en una lista y se ordenaría automáticamente).

Pero que pasaría cuando una persona fuera a ver a su familiar “John Smith” y se encuentre con que hay otros 46 John Smith, ¿Cuál de todos es su ser querido?

Tras muchos debates, se planteó de manera diferente. Se ordenó en orden cronológico, por fecha de fallecimiento o desaparición. De esta manera, el muro contaba una historia, del primero al último. Cuando una persona encontraba el nombre que buscaba, veía junto a ese nombre el resto de los nombres de los compañeros que lucharon junto a él, compañeros que se ayudaron, que rieron y sufrieron juntos. De esta manera, dos personas que se encontraban en el muro en la misma zona sabían que compartían una historia.

No era lo más fácil ni lo más simple, pero convirtió un muro con una lista de nombres en un muro que cuenta una historia, que genera emociones, un lugar dónde la gente vive una experiencia.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que la usabilidad no se debe tener en cuenta o que es commodity. La usabilidad es completamente imprescindible y jamás tendremos una experiencia buena si la usabilidad no es impecable.

Pero la usabilidad tiene leyes, tiene normas, tiene reglas que están escritas y que todos podemos (y debemos) aplicar, por lo que no es la usabilidad lo que hará que nuestro producto sea diferencial.

Me encanta la frase de Ferdinand Porsche que dice «Construimos coches que nadie necesita pero que todo el mundo desea». La emoción, la historia, lo especial y único van más allá de lo útil y de lo fácil.


Ferdinand Alexander Porsche, con una maqueta del 911 en 1968. | Efe

Albert Einstein nos dejó la frase «todo debe hacerse tan simple como sea posible, pero no más»*. Sabemos que para diseñar un buen producto tenemos que encontrar el punto medio entre la utilitas y el delectus, pero si queremos diseñar productos o servicios que generen experiencias inolvidables, no vale el punto medio. Tendrá que ser muy útil y, como dirían nuestros amigos de Candy Crush©, absolutamente Delicious.


* Albert Einstein nunca dijo esta frase, pero ¿vamos a dejar que la realidad nos estropee una buena historia?


                                                                                                     Ferdinan Porsche. Foto bajo licencia CC BY-NC